Una exploración mensual de la
conciencia espiritual:1 de mayo de 2026
Basado
en las palabras de Earl Nightingale: «Todo aquello que plantemos en nuestra
mente subconsciente y nutramos mediante la repetición y la emoción, se
convertirá algún día en realidad».
Existe
una ley divina que opera a través de la conciencia, seamos o no conscientes de
ella. La mente subconsciente es como tierra fértil: no cuestiona la semilla;
simplemente la recibe, la nutre y la regresa de acuerdo con lo que se ha
plantado. Si plantamos pensamientos de limitación, miedo y derrota, éstos
tenderán a reproducirse en las experiencias de la vida. Pero si plantamos
pensamientos de abundancia, paz, plenitud y posibilidad divina, esas semillas
también darán fruto. Este es el gran secreto espiritual: la vida exterior a
menudo refleja aquello que se ha cultivado en el interior.
Es
por ésto por qué la repetición en la práctica espiritual es tan importante. La
oración no consiste en mendigar ante un Dios distante; la oración es grabar la
Verdad en la conciencia. Toda afirmación pronunciada con fe, toda meditación
sostenida en quietud, toda declaración como «soy guiado», «soy provisto», «soy
uno con el Bien Infinito», es una semilla sembrada en el alma.
Repetidas
con suficiente frecuencia, y sentidas con suficiente profundidad, estas
verdades descienden por debajo de la superficie del pensamiento hacia el
subconsciente, donde comienzan su labor creativa. Como enseñó Ernest Holmes: el
pensamiento se convierte en objeto.
La
emoción es el agua viva que nutre la semilla. Las palabras frías tienen poco
poder, pero las palabras cargadas de convicción, gratitud, expectativa y
alegría se vuelven espiritualmente magnéticas. Cuando afirmas la prosperidad y
te sientes agradecido antes de que aparezca la evidencia, estás cooperando con
la ley divina. Cuando oras por sanación y sientes interiormente la paz de la
plenitud en el presente, estás sembrando una verdad viva. La fe no es un deseo
pasivo; la fe es la aceptación emocional del bien que ya ha sido preparado para
ti.
Considera
lo que quiso decir el Maestro por excelencia, Jesús, cuando afirmó que el reino
de los cielos está dentro de ti. El reino es el ámbito interior de la causación
espiritual. En aquello en lo que te detienes, te conviertes. Aquello que
abrazas emocionalmente, lo atraes. Aquello que afirmas repetidamente en armonía
con la Verdad se convierte en el patrón a partir del cual se moldea la
experiencia. Por esta razón, la disciplina espiritual es importante. Cuida el
jardín interior. Arranca de raíz el resentimiento, la duda y el miedo, y
reemplázalos con amor, confianza y santa expectación.
Existe
una promesa maravillosa en esta enseñanza: sin importar qué semillas se hayan
plantado en el pasado, hoy puedes comenzar de nuevo. Comienza a sembrar nuevas
ideas de éxito, salud, sabiduría y provisión divina. Exprésalas. Siéntelas.
Vive
a partir de ellas. Persiste hasta que estas ideas espirituales sean aceptadas
por tu conciencia como algo natural. Entonces, lo que alguna vez fue invisible
comienza a manifestarse en forma tangible. Lo que parecía un milagro se revela
como una ley.
Así
pues, recordemos: siempre estamos sembrando. A través de nuestros pensamientos,
palabras y sentimientos, estamos dando forma al mañana.
Por
lo tanto, siembra únicamente aquello que desees cosechar. Nutre los
pensamientos de Verdad mediante la repetición y la emoción. Confía en la mente
profunda —que es la puerta de acceso a lo Infinito— para que produzca según su
propia naturaleza. Y ten esto presente: toda semilla inspirada por Dios que
cultives con fidelidad se convertirá, a su debido tiempo, en realidad.
¡Mantén la fe!
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